Editoriales
Edgardo Schapachnik
Edgardo Schapachnik
Director General del FIAI
Diciembre de 2016

11 de diciembre de 2054

¡Hoy cumplo 109 años! Lamentablemente no podré leer esta nota ya que no estaré en el mundo de los que aún leen editoriales en un sitio web.

Sin embargo pude escribirla en este sin tiempo del tiempo en la imaginada mitad del siglo XXI.

Oportunamente no accedí a ser conservado, porque entonces no sabía que en 2054 debería escribir este Editorial.

El trabajo estará hecho mientras el sol va cargando la batería del ordenador que llevo en mi muñeca, que además sirve de reloj, a la vieja usanza. Un robot estará a cargo de resolver mis tareas cotidianas, despejando mi mente y tiempo para encarar la tarea.

Me surgen nostálgicas ideas.

¡Extraño la recorrida de sala, que hacíamos en el siglo XX, aunque debo confesar que la discusión de casos a través de redes virtuales, es mucho más beneficiosa para el paciente y para nuestra práctica médica, ya que agrega otras visiones y puntos de vista!

¡Extraño también los encuentros con colegas y amigos en los Congresos anuales, aunque confieso que entonces opinaba que ése era el motivo principal y quasi único de su realización, ya que desde los primeros congresos virtuales de inicio del siglo, me resultaba más efectivo para su aprendizahe realizarlos a través de Internet!

Y más aún hoy donde las velocidades se han multiplicado y hasta es posible recrear un texto transformándolo en video y audio con solo orientar mi muñeca al viento.

El viejo estetoscopio que pretendía ser reemplazado y desterrado, se mantiene vivo, aunque su capacidad -mientras se interpretan los ruidos y soplos en forma digital- de obtener simultáneamente un trazado de ECG, un VCG y un Eco con solo apoyar la membrana en los focos de auscultación tradicionales, me resulta mucho más atractivo.

Mi vieja costumbre de escuchar radio o música mientras trabajo, se ha reemplazado por la entonces inimaginable emisión de música envolvente que emana directamente al conectarse a las redes y cuya intensidad varía de acuerdo al tono de las conversaciones y cuyas melodías se componen en tiempo real según el tema tratado; algo inimaginable en el siglo pasado o inicios de éste cuando los compositores desplegaban su talento ambientado y generando clima.

Con el campo entonces despejado inicio el editorial que curiosamente será leído (o no) 37 años antes.

La reflexión será plasmada en un breve texto editorial en relación a nuestra profesión y nuestras particulares formas de relacionarnos.

Hoy por hoy proliferan las comunidades virtuales de pares que se agregan y desagregan voluntariamente cuando lo desean, dando una imagen de movimiento contínuo, asincrónico al fenómeno; ya no existen las filiaciones a sociedades peremnes y en todo caso éstas también habrán mutado aceptando que los miembros que la integran hoy, pueden mañana elegir pertenecer a otra, o pertenecer a muchas, o a ninguna; ya no hay asociaciones ni pertenencias permanentes ni por lo tanto cuotas a cargo de cada uno para mantener institutos a los que quizás no se pertenezca más que sólo instantáneamente.

Estas comunidades se brindan íntegralmente; se pertenece porque se obtiene el beneficio que se busca en tiempo real.

¡Ya esto no es una novedad de los tiempos que corren!

En 2016, e incluso antes debemos hurgar en los antecedentes de este proceder.

Voy terminando de escribir, con la sensación que este Editorial es demasiado breve para los lectores de 2016 /2017 aunque no si se leyera precisamente en esta fecha de mi 109 cumpleaños.

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